Por Ichak Kalderon Adizes, PhD Your browser may not support display of this image.
Traducido con permiso por Carlos Albarrán V, Adizes Institute Rep Mexico

Vamos a analizar el aparentemente incorregible conflicto del Medio Oriente, donde los Palestinos e Israelitas, ambos, reclaman el mismo pedazo de tierra.

Antecedentes de Israel y Palestina

Ambos Israelitas y palestinos tienen argumentos válidos que apoyan su posición, y cada uno de ellos, han tenido,  en diferentes etapas, la simpatía del mundo para su causa.

Al final de la Segunda Guerra Mundial, cuando se hicieron públicos los hechos terribles de los esfuerzos de Alemania de exterminar a los judíos europeos, la necesidad de una tierra para los judíos era obvia. El antiguo reclamo de la tierra, ahora llamada Israel, por parte de los judíos, también era reconocida, y aún más, los judíos habían estado inmigrando a Palestina in oleadas, desde el final del siglo XIX.

Como sea, este territorio no ha estado vacío desde el año 70 de nuestra era, cuando los judíos fueron exiliados en forma masiva por los Romanos Palestinos conquistadores. Quedando algunos judíos remanentes, que podían siempre ser encontrados en pequeños grupos. Muchos grupos árabes nómadas pasaron por estas tierras regularmente durante los siglos siguientes en sus viajes, y algunos se quedaron permanentemente, a establecer granjas, o pastar borregos.

Legalmente, Palestina no pertenecía a ninguno de los grupos, habiendo cambiado numerosas veces el control a través de la historia, ha sido más recientemente el Imperio Otomano. Y con la desaparición del Imperio Otomano, en la Primera Guerra Mundial, la liga de las naciones dividió el territorio Palestino en “mandatos” con fronteras meramente arbitrarias – Siria, Líbano, Transjordania y Palestina – para ser supervisadas y administradas por Inglaterra y Francia, con el último objetivo de convertirse en autosuficientes y lograr independizarse como naciones.

Siria, Líbano y Jordania, eventualmente se convirtieron en naciones árabes independientes (en 1946, 1941 y 1946, respectivamente). Pero después de la Segunda Guerra Mundial, La recién formada ONU, confiando encontrar un refugio seguro para los judíos del mundo, dividió Palestina nuevamente, esta vez, en un estado judío y uno árabe. Las naciones árabes no estuvieron de acuerdo, se negaron a aceptar la solución y se declararon en guerra contra Israel en 1948, tan pronto como se declaró su independencia. Cuando se aclaró el humo, los judíos controlaban un área mayor que la que originalmente se les había dado, y miles de árabes palestinos, que dejaron sus hogares o fueron obligados a irse, ahora eran refugiados.

Tres guerras más en los siguientes 20 años han exacerbado el problema – particularmente la Guerra de los Seis Días, en 1967, que terminó en una derrota aplastante, donde Israel ocupó Jerusalén (que Jordania había reclamado en la ausencia de un estado Palestino), el desierto Egipcio del Sinaí, las cumbres del Golán de Siria, y lado oeste del río Jordán, lo que comprende un pedazo grande que la ONU había designado como la Palestina árabe en 1948.

El Sinaí fue devuelto a Egipto en 1979, después de que éste firmó un tratado de paz con Israel. Pero el resto todavía está en disputa, mientras tanto, Israel ha poblado el área con colonizadores y el conflicto se ha estancado. Los Israelitas no regresaran la tierra sin un tratado de paz en el que puedan confiar, y ellos no pueden regresar todo, por los pobladores que ya están ahí. Los palestinos por el otro lado, no ofrecerán paz hasta que ciertas condiciones se cumplan, las cuales los israelitas creen llevarán a la desaparición del estado Judío.

El problema aparenta no tener salida.

Ser, Querer y Deber Ser: Es la secuencia correcta.

Un buen análisis y una solución requiere que primero entendamos que está pasando: ¿Cuál es la realidad hoy? Tomar en cuenta los hechos y lo que existe hoy.
Después, basados en lo que existe hoy, debemos articular lo que queremos que suceda, ¿Qué quiero que pase? Y finalmente, por negociación y acuerdo entre lo que es y lo que queremos, podemos entonces llegar a la decisión de: ¿Qué debe ser realizado?

Muy a menudo, la secuencia para tomar una decisión es diferente: Primero, decidimos que queremos. Ya que decidimos que queremos, procedemos a finalizar lo que debemos de hacer, a la luz de lo que queremos y dejamos lo que “es” hoy, fuera de la ecuación; completamente ignoramos la realidad.

Yo sugiero, que en el Medio Oriente, ambos lados han tenido la secuencia incorrecta de razonar: Ambos, inician con lo que “Quieren”, y a la luz de esto, ellos deciden lo que “Deben” hacer. En los dos lados, la realidad se va al asiento de atrás.

El enfoque Palestino

Enfocarse en lo que uno “Quiere” es típico de países – o de cualquier forma de organización – al inicio de su ciclo de vida, en sus etapas juveniles. Los palestinos, exactamente como los judíos al final del siglo XIX y el inicio del XX, cuando el Sionismo empezó a enraizarse, son una nación nueva y piensan como tal. Para construir una nación (como al iniciar una empresa) deben iniciar con definir qué es lo que “Quieren”. Teodoro Herzl, el “padre” del Sionismo, cuando al inicio argumentó a favor de un estado judío independiente, dijo las famosas palabras: “Si realmente lo deseas, No es un cuento de Hadas” – en otras palabras, si quieres suficientemente fuerte algo, puedes lograr que suceda. Los palestinos probablemente tienen su propio slogan, con el mismo punto.

Que es lo que los palestinos “Quieren”. Aparentemente, que Israel permita el regreso de millones de palestinos refugiados a Israel, lo que de facto, desaparecería el estado judío y las aspiraciones que los judíos tienen de poseer una tierra propia donde, cuando menos en sus mentes, ellos se sientan seguros y también quieren, que los judíos regresen los limites de sus fronteras a las establecidas en 1967, lo que significaría expulsar a cientos de miles de israelitas que ahora han colonizado más allá de las fronteras de 1967.

No existe un líder en Israel que tenga lo que llamamos en la metodología Adizes “capi” (coalesced authority, power and influence), o sea, la unión de Autoridad, Poder e Influencia necesarios para poder implementar una solución. Israel es un estado democrático y sus gobiernos de diferentes partidos, son electos y caen con el voto.

Lo que los palestinos quieren no podrá  suceder. Seis millones de israeltas no van a desaparecer de un día para otro, como neblina, y tampoco van a regresar a sus países de origen, o a las fronteras de 1967, ni aceptarán vivir en un estado Palestino. Por otro lado, los palestinos no pueden hacer la vida tan miserable a los israelitas, que logre que caigan de rodillas y acepten lo que ellos quieren.

La intifada no hará que los israelitas se rindan. Ya han vivido tiempos peores, los judíos han experimentado la inquisición, Auschwitz y han sobrevivido como nación. El pueblo judío, yo pienso, es la nación con mayor capacidad de adaptación en el mundo y en la historia de la humanidad. Ellos se adaptarán al terror convencional que vemos ahora. No existe terror suficiente que haga que los israelitas dejen la tierra de Israel.

El enfoque de Israel

Los judíos han experimentado persecución durante más de dos mil años. Los horrores de la Segunda Guerra Mundial están aún en su memoria. El slogan de “nunca otra vez”, no son palabras vacías. Es más como un juramento para las generaciones por venir. Ellos quieren una nación normal con su propio país, donde perciban que pueden defenderse a sí mismos de sus enemigos constantes, que han tenido por muchas generaciones.

¿Qué es lo que los Israelitas realmente “Quieren”? Que emerja un líder palestino que tenga orientación pacifista, que permita a los refugiados regresar, que acepte adaptaciones a las fronteras establecidas en 1967 (o cuando menos acepte la instalación de militantes israelitas en sus tierras) y que firme un acuerdo permanente de paz.

En pocas palabras, esto es lo que Barack ofreció en Campo David y es lo que los israelitas proclaman es lo más que pueden ofrecer. Esto sin embargo, no es lo que los extremistas israelitas quieren. Lo que ellos quieren aparentemente, es que los palestinos sean absorbidos por los países árabes que rodean a Israel y simplemente dejen de existir como nación que busca una identidad.

Queda claro que esto no va a suceder. Si Arafat no pudo lograr lo que los israelitas quieren, ¿quien más podrá emerger como líder y tener la fuerza suficiente para hacerlo y sobrevivir?

Y los israelitas no pueden hacer la vida de los palestinos tan miserable que ellos caigan de rodillas y acepten implementar su solución. Mientras más miserable es su vida, menor será la probabilidad que emerja un líder pacifista y sobreviva a la mafia interna.

Entonces, esta solución, basada en lo que Israel “Quiere”, es un callejón sin salida.

Es entonces la secuencia de mantenerse a lo que “Quiere” cada lado y diseñar una estrategia de lo que “debe” de hacerse basado en estos deseos, lo que está impidiendo potencialmente encontrar una solución al problema.

Nada de lo que ninguna de las dos partes “Quieren” va a suceder, no importa cuanta gente sea asesinada, o cuántas personas sacrifiquen su vida. Ninguna de las dos partes, tampoco, va a hacer lo que “debe” de hacer para resolver el problema, si parten de un “no negociable” “Quiero”. Entonces, nos queda ahora abandonado lo que “Es”, ¿Qué va a suceder? No lo que las partes quieren, no lo que las partes deberían hacer. ¿Qué es lo que prevalecerá? La predicción asume no intervenciones de fuerzas externas como los Estados Unidos, forzando a Israel a ceder tierra. Si se deja la dinámica del sistema que continúe, esto es lo que puede producir:

Simplemente se pondrá peor y peor. Ambas partes sufrirán más y más.

El cambio a lo que las partes Quieren y Deberían de hacer, llegará hasta un punto que es tan mala la situación, que tendrán que olvidarse de lo que Quieren y vendrá  un cambio de paradigma, permitiendo un desplazamiento de la forma de pensar actual.

Pero ¿Qué tan mala se puede poner la situación?, ¿hasta dónde puede llegar?

Yo pienso en una explosión nuclear. Dispositivos nucleares tácticos están ya disponibles y no es más que una cuestión de tiempo, cuando un grupo disidente, no controlable de palestinos, soportados por alguien como Bin Laden, Irán, ó Paquistán, tengan posesión de uno de estos artefactos. Y no debe ser difícil reclutar un bombardero suicida, que en lugar de amarrarse al cuerpo unas 20 libras de explosivos, se coloque uno de estos aparatos nucleares y lo detone. En Tel Aviv, o en Haifa, y miles de árabes morirían también, lo que sería un daño colateral desde el punto de vista palestino. Ya han explotado bombas en cafeterías mixtas, árabe-israelitas y muchos árabes han perecido ahí, este daño colateral aparentemente no es un elemento disuasorio.

Y los israelitas tomarán represalias cuando cientos de miles mueran, no cuando solo haya veinte muertos por aquí y treinta por allá, cuando sea masivo, cuando una destrucción impactante mueva al mundo en lo más profundo, cuando haga temblar los cimientos de lo que el mundo percibe como “aceptable”, entonces, capi, la unión de autoridad, poder e influencia sucederá y cambio de paradigma se logrará, cambiando la secuencia del razonamiento, pasando de Quiero-Deber ser- Es; A: Es-Quiero-Deber Ser. Las dos partes tendrán que confrontar la realidad.

Y la realidad es que ellos DEBEN de vivir juntos. SON vecinos compartiendo aire y agua, que no conocen de fronteras hechas por el hombre. El aire debe ser compartido y limpio, y lo mismo sucede con el agua. Un estado palestino será establecido, colaboración económica será acordada entre las partes, se permitirá libertad de movimiento de la fuerza laboral y bienes entre los dos países, y los palestinos aprenderán el idioma hebreo y los israelitas aprenderán árabe y ambos, borrarán los conceptos odio y falta de respeto de sus sistemas educativos y prohibirán que el odio sea expresado en sus medios de comunicación. Esta es la única solución que puede funcionar.

Pero hasta ahora, ninguno está  dispuesto a ver la realidad.

Ambos, viven en el temor, no tienen fe. Ambos están en el inicio de sus ciclos de vida organizacionalmente y lo que “Quieren” domina su forma de pensar. Aceptar lo que “Es”, viene con la madurez o desafortunadamente, lo provocará el desastre. O sea, es necesario que se inicie primero con lo que “Es” y dejar lo que uno “Quiere” para después.

Aparentemente, a veces es necesario que sucedan grandes crisis para lograr que los humanos hagamos un cambio importante de dirección. Mientras más grande sea el cambio que se requiere para una solución efectiva del problema, mayor será el tamaño de la crisis que tiene que suceder para que se logre la transferencia al nuevo paradigma de pensamiento.

Atentamente,
Dr. Ichak Kalderon Adizes